Juan 14:2-3
“Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”
Colosenses 1:27
“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.”
2 Corintios 13:5
“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”
Reflexión
Decir “Jesús no va a regresar” es una conclusión comprensible cuando se espera un evento externo que nunca parece llegar, pero es una conclusión que nace de buscar en el lugar equivocado. Jesús mismo definió con precisión qué significaba Su regreso: “vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” La pregunta correcta no es “¿cuándo regresará Jesús?”, sino “¿dónde está Cristo ahora?” Y la Escritura responde con total claridad: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.
Si Cristo ya habita dentro de cada creyente por medio del Espíritu, entonces el regreso que Él prometió ya se ha cumplido, no como un evento pasado y terminado, sino como una realidad presente y continua. Cada vez que una persona entra conscientemente a la presencia de Dios —en oración, en adoración, en comunión con Su Espíritu— está experimentando de nuevo esa promesa cumplida: donde Él está, allí estamos también, porque Él ya está en nosotros.
Esta verdad no elimina el asombro ni la expectativa; al contrario, la intensifica. Ya no se trata de esperar pasivamente un momento futuro e incierto, sino de reconocer activamente una presencia ya establecida. Pablo invita a los corintios a examinarse a sí mismos precisamente para confirmar esta realidad: Cristo está en ustedes. No es una posibilidad lejana ni una esperanza condicionada al futuro; es un hecho presente que puede y debe ser probado y experimentado en la vida diaria del creyente.
Cuando entendemos esto, la manera en que buscamos a Dios cambia por completo. Ya no miramos hacia afuera, hacia el cielo, esperando una señal; miramos hacia adentro, reconociendo que la morada de Cristo ya está establecida en nuestro corazón. El regreso de Jesús no es un evento que aún aguardamos con incertidumbre; es una presencia que podemos habitar cada día, cada vez que elegimos entrar conscientemente en comunión con Él.
Meditación para hoy
¿He estado esperando un regreso futuro de Jesús mientras paso por alto Su presencia ya establecida dentro de mí?
¿Qué significa para mi vida diaria examinarme a mí mismo y confirmar que Cristo está en mí?
¿Cómo cambiaría mi manera de orar y de vivir si reconociera que, al entrar en Su presencia, Jesús ya ha regresado?
Oración
Padre, gracias porque el regreso que Jesús prometió no es una promesa distante e incierta, sino una realidad que ya vive en mí a través de Tu Espíritu. Perdóname por las veces en que he mirado hacia afuera, esperando una señal, cuando la respuesta siempre ha estado dentro de mí.
Ayúdame a examinarme a mí mismo y a reconocer con certeza que Cristo habita en mi corazón. Que cada momento que entro conscientemente en Tu presencia sea un recordatorio de que Tú ya cumpliste Tu palabra. Que ya no viva esperando lo que ya tengo, sino habitando plenamente en la realidad de que Tú estás en mí y yo estoy en Ti. En el nombre de Jesús, amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell