Hebreos 12:22-23
“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos.”
2 Reyes 2:16
“He aquí hay con tus siervos cincuenta varones fuertes; vayan ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha levantado el Espíritu de Jehová y lo ha echado en algún monte o en algún valle.”
Juan 3:8
“El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.”
Reflexión
La Escritura declara que hemos sido acercados a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial. Esta ciudad no es una realidad vacía o distante, sino una dimensión viva del Reino de Dios, llena de la actividad del Espíritu, de la comunión con el cielo y de los recursos de la sabiduría divina. Allí se encuentran las riquezas de Dios y todo aquello que pertenece a Su propósito eterno.
A lo largo de las Escrituras, vemos hombres y mujeres que vivieron con una profunda conciencia de las realidades celestiales. Elías caminó bajo la dirección del Espíritu y aprendió a depender completamente del gobierno de Dios. Su vida no estuvo determinada por las limitaciones naturales, sino por la obediencia a la voz del Señor. Aquellos que lo rodeaban reconocían que el Espíritu de Dios podía moverlo y dirigirlo de maneras que excedían el entendimiento humano.
Los sueños, las visiones y las diferentes formas en las que Dios se comunica con Sus hijos nos recuerdan que el Reino es más amplio que aquello que perciben nuestros sentidos naturales. Son destellos que nos invitan a elevar nuestra mirada y a reconocer que existe una dimensión espiritual mucho más grande que las limitaciones de este mundo. El propósito de estas experiencias no es despertar curiosidad, sino conducirnos a una mayor comunión con Dios y a una vida gobernada por Su Espíritu.
La ciudad celestial está llena de la sabiduría y de los recursos del Reino. El Señor desea formar y capacitar a Sus hijos para que vivan bajo Su gobierno y manifiesten Su voluntad en la tierra. Cuanto más conscientes somos de nuestra ciudadanía celestial, más aprendemos a depender del Espíritu Santo y a caminar en obediencia a Su dirección.
Los nacidos del Espíritu no están limitados únicamente por las perspectivas terrenales. Su vida encuentra su origen y su dirección en Dios. El Reino de los cielos continúa siendo una realidad viva y activa, y aquellos que ponen sus ojos en Cristo descubren que las dimensiones de Su gloria son mucho más vastas de lo que la mente natural puede comprender.
Meditación para hoy
¿Estoy cultivando una mayor sensibilidad a la voz y a la dirección del Espíritu Santo?
¿Estoy viendo mi vida únicamente desde una perspectiva terrenal o desde mi ciudadanía celestial?
¿Estoy permitiendo que Dios me forme y me capacite en las realidades de Su Reino?
Oración
Padre, gracias porque me has acercado a la ciudad del Dios vivo y me has hecho participante de las riquezas de Tu Reino. Gracias porque Tu Espíritu continúa guiando, enseñando y formando a Tus hijos.
Abre mis ojos para contemplar las realidades celestiales y enséñame a caminar en obediencia y dependencia de Tu Espíritu. Haz crecer en mí una mayor conciencia de Tu Reino y de mi ciudadanía celestial. Capacítame conforme a Tus propósitos y permite que mi vida sea una expresión de Tu voluntad sobre la tierra. Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell