Efesios 1:4-5
“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.”
Romanos 12:2
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Colosenses 3:3-4
“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”
Reflexión
Antes de la fundación del mundo, Dios ya nos conocía y había preparado un propósito glorioso para Sus hijos. Nuestra verdadera identidad no nació de las circunstancias, de las heridas, de los fracasos o de las limitaciones que hemos experimentado en esta tierra. La vida que está escondida con Cristo en Dios es mucho más profunda y más elevada que cualquier definición que el mundo o las tinieblas hayan intentado imponer sobre nosotros.
A lo largo de la vida, el sistema de este mundo y las experiencias dolorosas pueden construir una imagen distorsionada de quienes somos. El temor, el rechazo, los fracasos y las mentiras del enemigo intentan reducir nuestra visión a un pequeño punto de oscuridad. Pero las tinieblas no tienen autoridad para definir la identidad de los hijos de Dios. Lo que Dios ha dicho acerca de nosotros es más verdadero que cualquier voz contraria.
Por eso, la transformación comienza con la renovación del entendimiento. A medida que conocemos a Cristo, aprendemos a vernos desde la perspectiva del cielo y no desde las limitaciones de la tierra. Los ojos del corazón comienzan a abrirse y descubrimos que nuestra ciudadanía está en los cielos y que nuestra vida verdadera está unida a Él.
Cuando comprendemos quiénes somos en Cristo, nuestra manera de mirar cambia. Dejamos de interpretar la vida desde el temor y comenzamos a verla desde la esperanza, desde la herencia y desde la realidad del Reino. Los ciudadanos de los cielos no son definidos por la oscuridad, sino por la luz de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable.
Dios desea abrir nuestros ojos para que podamos contemplar nuestra verdadera identidad y caminar conforme a ella. Cuanto más conocemos el corazón del Padre, más dejamos atrás las viejas mentiras y más comenzamos a reflejar la naturaleza y la gloria de Aquel que nos escogió desde antes de la fundación del mundo.
Meditación para hoy
¿Estoy viendo mi vida desde las limitaciones que me rodean o desde mi identidad en Cristo?
¿Qué mentiras acerca de mí mismo necesito reemplazar por la verdad de Dios?
¿Estoy permitiendo que el Señor renueve mi manera de ver y de pensar?
Oración
Padre, gracias porque me conociste y me escogiste antes de la fundación del mundo. Gracias porque mi identidad no está determinada por las circunstancias ni por las mentiras de las tinieblas, sino por Tu amor y por Tu propósito eterno.
Renueva mi entendimiento y abre los ojos de mi corazón para verme como Tú me ves. Quita toda falsa imagen y toda limitación que no proviene de Ti. Enséñame a vivir como un ciudadano de los cielos y a caminar en la verdad de quien soy en Cristo. Que Tu luz disipe toda oscuridad y que mi vida refleje cada vez más Tu naturaleza y Tu gloria. Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell