Génesis 3:8 “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.”
Lucas 19:10 “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
Deuteronomio 4:19 “No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos.”
Romanos 8:19 “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”
Efesios 2:6 “Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.”
Reflexión
Jesús vino a restaurar lo que se había perdido: el jardín del Edén y la conexión con la Raquia.
En el Edén, el hombre caminaba en plena comunión con Dios. No solo habitaba en un jardín físico, sino que operaba desde su posición celestial, conectado con el gobierno divino, alineado con la Raquia donde su estrella había sido establecida desde antes de la fundación del mundo.
Pero la caída rompió esa conexión.
El hombre fue desconectado de su identidad celestial, separado de su posición en los lugares celestiales, desplazado del gobierno para el cual había sido creado.
Lo que hizo el diablo a la hora de la caída fue establecer una falsa Raquia.
Satanás no podía eliminar el diseño de Dios, pero sí podía pervertirlo. No podía destruir la necesidad del hombre de conectarse con lo celestial, pero sí podía desviarla hacia una falsificación.
Animó a los hombres a adorar al sol, a la luna y a las estrellas.
No porque estos astros tuvieran poder en sí mismos, sino porque él sabía que se necesitaba de las lumbreras para tener el gobierno de lo espiritual. El diablo conocía el diseño divino: las lumbreras ejecutan un verbo de gobierno. Y si lograba que el hombre adorara a las lumbreras físicas en lugar de conectarse con la Raquia celestial verdadera, podría mantenerlo bajo engaño y cautiverio.
La idolatría astral no es simplemente superstición primitiva. Es una estrategia demoníaca para establecer un gobierno falso, una conexión pervertida, un firmamento controlado por tinieblas en lugar de luz.
El gobierno de Dios tiene que ver con las lumbreras unidas con los hijos de Dios.
No es el gobierno de astros impersonales ni de fuerzas cósmicas ciegas. Es el gobierno donde los hijos de Dios, establecidos como lumbreras en la Raquia celestial, operan en unidad con los ejércitos celestiales bajo la autoridad del Creador.
Cuando los hijos de Dios se conectan con su identidad celestial, cuando operan desde los lugares celestiales donde están sentados con Cristo, cuando brillan como las estrellas del firmamento ejecutando el gobierno divino, entonces el reino de Dios se manifiesta en la tierra.
Jesús vino a restaurar esta conexión perdida.
Él abrió el camino para que regresáramos a nuestra posición original, para que fuéramos reconectados con la Raquia de Dios, para que operáramos nuevamente como hijos del día, como lumbreras que ejecutan el gobierno celestial en la tierra.
La creación misma aguarda la manifestación de los hijos de Dios que operan desde su posición restaurada, unidos con las lumbreras celestiales, ejecutando el gobierno divino que Satanás intentó pervertir.
Meditación para hoy
Toma un momento para reflexionar:
¿He sido restaurado a mi conexión con la Raquia de Dios o aún opero desde una perspectiva caída? ¿Reconozco las falsas conexiones espirituales que el enemigo ha establecido y renuncio a ellas? ¿Estoy operando como hijo de Dios unido con las lumbreras celestiales para ejecutar el gobierno divino?
Pide al Señor que restaure completamente tu conexión con la Raquia celestial y que te posicione en el gobierno para el cual fuiste creado.
Oración
Padre, reconozco que Jesús vino a restaurar lo que se perdió en la caída: mi conexión con el jardín del Edén y con la Raquia celestial.
Renuncio a toda falsa Raquia establecida por el enemigo, a toda adoración pervertida, a toda conexión espiritual que no proviene de Ti.
Declaro que no adoraré al sol, a la luna, a las estrellas ni a ningún ejército celestial creado, sino solo al Creador de todo.
Restaura en mí la conexión verdadera con la Raquia de Dios, posicióneme en los lugares celestiales donde fui establecido desde antes de la fundación del mundo.
Que opere como hijo de Dios unido con las lumbreras celestiales, ejecutando Tu gobierno en la tierra, manifestando Tu reino con autoridad y verdad.
Que brille como lumbrera en medio de las tinieblas, conectado con mi identidad celestial, operando desde mi posición restaurada en Cristo.
Amén.