Mateo 2:2 “Diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.”
Malaquías 4:2 “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”
Ezequiel 1:22-26 “Y sobre las cabezas de los seres vivientes aparecía una expansión a manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas… Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.”
1 Corintios 15:49 “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.”
Reflexión
Sobre nosotros existe un cuerpo celestial.
No es una figura poética ni una metáfora religiosa. Es una realidad espiritual profunda: fuimos creados con una dimensión celestial, un ser espiritual que trasciende nuestra existencia física.
Este cuerpo celestial es nuestro ser desde antes de la fundación del mundo.
Antes de manifestarnos en la tierra, antes de ser formados en el vientre, antes de que el tiempo comenzara, Dios nos estableció como seres de luz en Su diseño eterno. Nuestra identidad celestial precede y supera nuestra identidad terrenal.
Nótese que cuando Jesús nace en la tierra, lo primero que van a ver los magos es la estrella de Jesús.
Su manifestación celestial fue visible antes que Su manifestación física fuera reconocida por las naciones. Los magos no llegaron porque alguien les avisó del nacimiento, sino porque vieron Su estrella en el oriente. La dimensión celestial de Cristo se manifestó de manera tangible en el firmamento.
También lo vemos mencionado como el Sol de justicia.
Jesús no es solo una lumbrera más. Él es el Sol que gobierna, que trae salvación en Sus alas, que ilumina todo lo que existe. Así como las lumbreras ejecutan un verbo de gobierno, Cristo es la Lumbrera suprema que señorea sobre todo principado y potestad.
Los seres vivientes arriba de sus cabezas tienen una Raquia y la dimensión del trono de Dios.
Ezequiel vio esta revelación asombrosa: sobre las cabezas de los seres vivientes había una expansión, un firmamento de cristal, y sobre ese firmamento estaba el trono de Dios. Esta es la estructura del gobierno celestial.
El trono de Dios en la Raquia sobre los seres vivientes es lo que los está conectando directamente a la voluntad del trono.
No operan independientemente. No actúan por su propia iniciativa. Están bajo el firmamento donde está el trono, y desde esa conexión ejecutan la voluntad divina con precisión absoluta.
Esta es la misma conexión que nosotros debemos tener.
Así como los seres vivientes están bajo la Raquia donde se encuentra el trono, así nosotros, como hijos de Dios establecidos en lugares celestiales, debemos estar conectados directamente con la voluntad del trono.
Nuestra estrella, nuestro cuerpo celestial, nuestro ser desde antes de la fundación del mundo, debe estar alineado con el trono de Dios en la Raquia para que podamos ejecutar Su gobierno en la tierra.
Cuando estamos conectados con el trono a través de la Raquia celestial, no operamos desde nuestra voluntad humana ni desde nuestras limitaciones terrenales. Operamos desde la perspectiva del trono, ejecutando la voluntad divina con la autoridad que proviene de arriba.
Así como Jesús tenía Su estrella visible y era llamado el Sol de justicia, nosotros también somos llamados a brillar como lumbreras conectadas al trono, manifestando el gobierno de Dios en la tierra.
Meditación para hoy
Toma un momento para reflexionar:
¿Reconozco que tengo un cuerpo celestial, una identidad establecida desde antes de la fundación del mundo? ¿Estoy conectado con el trono de Dios a través de la Raquia celestial o solo opero desde mi perspectiva terrenal? ¿Brilla mi estrella reflejando la voluntad del trono?
Pide al Señor que active tu conexión con el trono, que alinee tu ser celestial con Su voluntad, y que te posicione bajo la Raquia donde Su gobierno se ejecuta.
Oración
Padre, reconozco que sobre mí existe un cuerpo celestial, un ser establecido desde antes de la fundación del mundo.
Así como la estrella de Jesús fue visible en el oriente, así Tú has puesto mi estrella en el firmamento de Tu propósito eterno.
Conéctame directamente con la voluntad del trono a través de la Raquia celestial.
Que así como los seres vivientes operan bajo el firmamento donde está Tu trono, así yo opere completamente alineado con Tu voluntad, ejecutando Tu gobierno en la tierra.
Activa en mí la dimensión celestial para la cual fui creado, que mi identidad terrenal se someta a mi identidad celestial, y que brille como lumbrera conectada al trono.
Que mi vida refleje el Sol de justicia, que mi existencia manifieste Tu gobierno, y que desde los lugares celestiales donde estoy sentado con Cristo ejecute Tu voluntad con autoridad y verdad.
Amén.