Juan 7:39 “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”
Hechos 2:33 “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.”
1 Corintios 15:47-49 “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.”
Malaquías 4:2 “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.”
Reflexión
Jesús asciende a los cielos para ser glorificado.
Su glorificación no era un simple evento ceremonial. Era el momento en que el Hijo del Hombre, habiendo vencido la muerte y completado la redención, retornaba a Su posición en la Raquia celestial como el Sol de justicia.
Al ser glorificado es que se desata el Espíritu Santo para envolvernos en nuestra habitación celestial.
El Espíritu Santo no podía venir hasta que Jesús fuera glorificado. ¿Por qué? Porque la función del Espíritu es vestirnos de nuestra naturaleza celestial, conectarnos con la Raquia de Dios, activar nuestro cuerpo celestial.
Para que como Él es celestial, nosotros también seamos celestiales.
El Espíritu Santo no vino solo para consolarnos o darnos poder moral. Vino para transformarnos en la imagen del celestial, para que operemos desde la misma naturaleza con la que Cristo opera ahora en Su gloria.
Por eso entrar en el Espíritu y recibir la llenura del Espíritu Santo es mucho más que hablar en lenguas.
Las lenguas son una manifestación, pero la verdadera llenura del Espíritu Santo es ser revestidos de nuestra habitación celestial, ser conectados con la Raquia donde está el trono, ser transformados para operar como seres celestiales en la tierra.
Lo que más anhelaba Jesús era Su glorificación.
Porque sabía que una vez glorificado, el Espíritu sería derramado, y ese Espíritu transformaría a Sus discípulos en seres celestiales capaces de ejecutar el mismo gobierno que Él ejecuta desde el trono.
Cuando Él se glorifica, es establecido como el Sol de justicia en toda la tierra.
Ya no es solo el carpintero de Nazaret. Es la Lumbrera suprema que gobierna desde la Raquia celestial, iluminando todo lo creado, ejecutando el gobierno divino con autoridad absoluta sobre los cielos y la tierra.
Meditación para hoy
¿He sido revestido de mi habitación celestial por el Espíritu Santo o solo tengo manifestaciones superficiales? ¿Reconozco que la llenura del Espíritu es para transformarme en celestial como Cristo es celestial?
Oración
Padre, reconozco que Jesús ascendió para ser glorificado y desatar el Espíritu Santo que me envuelve en mi habitación celestial.
Llena mi vida del Espíritu Santo, no solo para manifestaciones externas, sino para ser transformado en la imagen del celestial.
Que como Cristo es celestial, yo también sea celestial, operando desde la Raquia donde Él gobierna como el Sol de justicia en toda la tierra.
Amén.