Isaías 64:8
“Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.”
Mateo 11:29
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”
Reflexión
El quebranto en el desierto no es el destino final, sino un proceso necesario en las manos de Dios. En esos lugares donde nuestra fuerza natural es confrontada, Dios comienza a formar en nosotros mansedumbre, flexibilidad y dependencia de Su Espíritu. El desierto rompe resistencias internas para que podamos ser moldeados conforme al diseño eterno que ya existe en el corazón de Dios.
Muchas veces todavía no vemos manifestado externamente aquello que Dios dice que somos. Sin embargo, en Su diseño eterno, ya existe un propósito definido, una identidad establecida y una asignación preparada. El proceso consiste en permitir que Dios transforme nuestro interior hasta que podamos convertirnos visiblemente en aquello que ya somos espiritualmente en Él.
La mansedumbre y la flexibilidad son esenciales porque Dios no puede usar plenamente un instrumento rígido, lleno de razonamientos, opiniones y resistencia. Un corazón flexible puede ser dirigido en cualquier dirección que Dios desee. Aprende a moverse no por lógica humana, sino por obediencia y sensibilidad a la voz del Espíritu.
Cuando nuestro entendimiento natural deja de interferir constantemente, Dios encuentra espacio para manifestar Su sabiduría y Su poder. El instrumento útil en las manos de Dios no es el más fuerte, sino el más rendido. La verdadera autoridad nace de un corazón moldeable que permite al Padre formarlo según Su voluntad.
Meditación para hoy
¿Estoy resistiendo los procesos de Dios o permitiendo que Él me forme?
¿Hay razonamientos y estructuras internas que están limitando mi obediencia?
¿Soy flexible y manso para ser dirigido por el Espíritu Santo en cualquier dirección?
Oración
Padre, reconozco que muchas veces mi razonamiento y mi propia comprensión se interponen en lo que Tú quieres hacer en mí. Hoy decido rendirme a Tu proceso y permitir que me formes como barro en Tus manos.
Desarrolla en mí mansedumbre, flexibilidad y sensibilidad a Tu voz. Quita toda rigidez, orgullo y resistencia que impidan que Tu voluntad se manifieste plenamente en mi vida. Hazme un instrumento útil y disponible para ser dirigido por Ti en cualquier momento y de cualquier manera. Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell