Lucas 14:28-31
“Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?”
Éxodo 4:12
“Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”
Reflexión
Después del estrujamiento en el desierto, viene un proceso igual de importante: permitir que Dios nos forme nuevamente. El quebranto no tiene como propósito destruirnos, sino remover todo aquello que impide que seamos transformados en instrumentos útiles para el Reino. El desierto vacía al hombre natural para que Dios pueda levantar a alguien capaz de enfrentar a Faraón cara a cara.
Moisés salió del desierto diferente. Ya no confiaba en sus capacidades naturales, en su posición o en su razonamiento. Había aprendido dependencia, mansedumbre y obediencia. Dios había formado en él la flexibilidad necesaria para ser guiado completamente por Su voz.
Jesús enseñó que quien va a construir una torre primero debe calcular el costo, y quien va a la guerra debe considerar la fuerza del enemigo. Seguir a Cristo implica entender que este llamado requiere entrega, perseverancia y transformación profunda. No es un camino superficial; es una formación espiritual donde Dios prepara guerreros capaces de sostenerse en medio de la batalla.
Muchas veces queremos autoridad sin proceso, victoria sin formación y conquista sin rendición. Pero Dios primero trabaja el interior del hombre antes de confiarle una asignación mayor. Solo aquellos que aceptan ser moldeados después del quebranto podrán mantenerse firmes frente a Faraón sin retroceder.
Meditación para hoy
¿Estoy permitiendo que Dios me forme nuevamente después de mis procesos de quebranto?
¿He entendido el costo y la profundidad de seguir verdaderamente a Cristo?
¿Estoy dispuesto a ser transformado completamente para sostener la asignación que Dios tiene para mí?
Oración
Padre, gracias por los procesos del desierto que han quebrantado mi fuerza natural. Ahora te pido que me formes nuevamente conforme a Tu diseño y propósito. Quita toda resistencia y enséñame a depender completamente de Ti.
Dame entendimiento para comprender el costo de seguirte y la madurez para permanecer firme en medio de la batalla. Hazme flexible en Tus manos y prepara mi vida para enfrentar aquello que has llamado a vencer. Que no retroceda ante Faraón, sino que camine con la autoridad y la obediencia que nacen de estar formado por Ti. Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell