Efesios 1:4
“Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él.”
Efesios 2:6
“Y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.”
Jeremías 1:5
“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué; te di por profeta a las naciones.”
Reflexión
Antes de que vinieras a este mundo, antes incluso de que el mundo fuese creado, tú estabas en Dios.
No como una idea vaga,
no como un pensamiento inconcluso,
sino como una creación intencional.
Fuiste conocido.
Fuiste nombrado.
Se te dio identidad, personalidad y destino.
La Escritura revela algo que rompe por completo la lógica natural:
nuestra historia no comienza en la tierra, comienza en Dios.
Antes de nacer en el tiempo, ya tenías una posición eterna.
Antes de respirar por primera vez, ya estabas sentado con Cristo en lugares celestiales.
Esto no es poesía espiritual.
Es una verdad del Reino.
Una posición antes de una manifestación
El orden de Dios no es primero hacerte visible y luego darte autoridad.
Primero te dio una posición celestial y luego te manifestó en la tierra.
Tu comunión con Dios no comenzó cuando oraste por primera vez.
Comenzó antes de que el mundo existiera.
Desde esa comunión eterna es que ahora vives, te mueves y existes.
Por eso el Evangelio no es solo salvación del pecado,
es el recuerdo y la restauración de una identidad eterna.
La perla que desafía la mente natural
Aquí hay una verdad que no todos están listos para procesar:
Tú estás aquí,
pero también estás allá.
No dividido.
No fragmentado.
Sino unido en Cristo.
Mientras caminas en la tierra con un cuerpo natural,
tu vida verdadera está escondida con Cristo en Dios.
Colosenses 3:3
“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”
Vives desde la tierra,
pero gobiernas desde lo celestial.
No eres un ser terrenal intentando alcanzar el cielo.
Eres un ser celestial manifestándose en la tierra.
Implicaciones del Reino
Cuando esta verdad se revela, todo cambia:
Ya no oras desde la carencia, sino desde la comunión.
Ya no buscas identidad, sino que la expresas.
Ya no tratas de llegar a un lugar espiritual, porque ya estás sentado ahí.
La madurez espiritual no es subir más alto,
es aprender a vivir desde donde ya estás en Cristo.
Meditación para hoy
Detente y reflexiona en silencio:
¿Desde dónde estoy viviendo mi vida: desde la tierra o desde mi posición celestial?
¿Tomo decisiones desde el temor humano o desde la comunión eterna?
¿Creo realmente que mi identidad precede a mi manifestación?
Permite que el Espíritu Santo alinee tu conciencia con esta verdad.
No te esfuerces por entenderlo todo.
Deja que la perla repose en tu espíritu.
Oración
Padre eterno,
gracias porque mi historia comenzó en Ti.
Hoy recibo la revelación de mi posición en Cristo.
Renuncio a verme solo desde lo terrenal
y acepto vivir desde lo celestial.
Enséñame a caminar en la tierra
desde la autoridad, la identidad y la comunión
que ya me diste antes de la fundación del mundo.
Que mi vida manifieste lo que ya es eterno en Ti.
Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell