Romanos 10:10
“Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”
Colosenses 3:1-2
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”
Juan 17:3
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”
Reflexión
La fe que justifica consiste en confiar plenamente en la obra perfecta de Jesucristo. Al creer en Él, somos declarados justos delante de Dios y comenzamos una nueva vida en comunión con el Padre. La justicia no es el resultado de nuestros méritos, sino el fruto de la gracia recibida por medio de la fe.
Sin embargo, esa fe no permanece estática. El verdadero conocimiento de Cristo transforma nuestra manera de vivir. Cuanto más le conocemos, más somos atraídos a caminar conforme a Su voluntad y a reflejar Su carácter. La vida de justicia es la consecuencia natural de una relación viva con Aquel que nos ha salvado.
Jesús no vino únicamente para liberarnos de la condenación del pecado, sino para introducirnos en la vida de Su Reino. Por medio de Su muerte y resurrección, abrió el camino para que nuestra mente y nuestro corazón sean orientados hacia las realidades del cielo. Allí donde está nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón.
La vida cristiana consiste en crecer continuamente en el conocimiento de Dios. Al poner nuestra mirada en Cristo y en Su Reino, nuestros pensamientos, deseos y acciones comienzan a alinearse con Su voluntad. La fe madura nos conduce a vivir cada vez más conscientes de la presencia de Dios y de la realidad de Su Reino en nuestra vida.
Meditación para hoy
¿Está mi confianza puesta completamente en la obra de Cristo?
¿Estoy creciendo en el conocimiento de Jesús y permitiendo que transforme mi vida?
¿Dónde está enfocado mi corazón: en las cosas temporales o en las realidades del Reino de Dios?
Oración
Padre, gracias porque por medio de Jesucristo me has justificado y me has dado acceso a una nueva vida en Tu Reino. Gracias porque mi justicia descansa en la obra perfecta de Tu Hijo y no en mis propias fuerzas.
Ayúdame a conocerte cada día más y a mantener mi mirada puesta en las cosas de arriba. Renueva mi mente, transforma mi corazón y permite que mi vida refleje la justicia, la paz y el gozo que provienen de vivir en Tu presencia. Que cada día camine más cerca de Ti y manifieste el carácter de Cristo en todo lo que haga. Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell