Marcos 4:26-27
“Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.”
1 Corintios 3:6
“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.”
Reflexión
Muchas veces escuchamos verdades que no comprendemos completamente en el momento. Parecen lejanas, profundas o incluso fuera de nuestro alcance. Sin embargo, cada palabra que viene del cielo es una semilla viva que es depositada en nuestro corazón.
Estas semillas no dependen de nuestro entendimiento inmediato, sino de nuestra disposición a recibirlas. Cuando permitimos que entren en lo profundo de nuestro ser, comienzan un proceso silencioso pero poderoso. A través del tiempo, al meditar, creer y permanecer, estas semillas son regadas y empiezan a crecer.
De pronto, sin previo aviso, llega la revelación. Algo se enciende dentro de nosotros y entendemos lo que antes parecía oculto. Ese entendimiento no nace del esfuerzo humano, sino del fruto de una semilla divina que ha crecido en nuestro interior.
El Reino de Dios opera así: sembrando primero, revelando después. Nuestra parte es recibir, guardar y regar; la de Dios es dar el crecimiento y traer la revelación en el momento perfecto.
Meditación para hoy
¿Estoy recibiendo las palabras del cielo aunque no las entienda completamente?
¿Estoy regando esas semillas a través de la meditación, la fe y la permanencia?
¿Estoy dispuesto a confiar en el proceso hasta que la revelación florezca?
Oración
Padre, gracias por cada semilla del cielo que has sembrado en mi corazón. Aunque muchas veces no entienda de inmediato, decido recibirlas con fe. Enséñame a guardarlas y a regarlas con Tu presencia, con Tu Palabra y con constancia.
Haz crecer en mí cada semilla que viene de Ti, y trae revelación en el tiempo perfecto. Que pueda reconocer que todo entendimiento verdadero proviene de lo que Tú has sembrado en mi interior. Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell