Apocalipsis 5:6 “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.”
Apocalipsis 5:8 “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos.”
Lucas 17:21 “Ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.”
Hebreos 7:17 “Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.”
Reflexión
Hay un momento en la revelación celestial donde el trono del Padre no está solo. Aparece el Cordero, y Él está en medio de los veinticuatro ancianos.
Este es un detalle profundo y lleno de significado.
Jesús mismo declaró: “El reino de Dios está en medio de vosotros.” Y ahora, en esta escena celestial, ese reino se manifiesta visiblemente en medio de los veinticuatro ancianos, para que el rollo sellado pueda ser abierto.
Solo el Cordero es digno de abrir lo que estaba cerrado. Solo Él tiene la autoridad para revelar lo que permanecía oculto.
Cuando el sacerdocio según el orden de Melquisedec, que es Jesucristo mismo, se posiciona en medio del trono, lleva consigo los siete espíritus de Dios.
Este es un sacerdocio eterno, no basado en genealogía humana ni en esfuerzo religioso, sino en el poder de una vida indestructible.
Y ante este sacerdocio, los veinticuatro ancianos se postran delante del Cordero.
Este número, veinticuatro, simboliza el remanente santo de toda lengua, tribu y nación. Representa a aquellos que han sido cubiertos con la vestidura de este nuevo sacerdocio.
No están allí por mérito propio. Están allí porque han sido vestidos con una dignidad que no es suya, sino del Cordero.
Y en un acto de plena rendición, toman sus coronas y las colocan delante del trono.
No retienen nada para sí. No reclaman autoridad aparte de Él. Todo lo que tienen, todo lo que son, lo devuelven a Aquel que es digno.
Este es el sello del nuevo sacerdocio.
Un sacerdocio que no busca su propia gloria, sino la gloria del Cordero. Un sacerdocio que vive postrado en adoración, reconociendo que todo poder, toda autoridad, toda corona, pertenece únicamente a Él.
Meditación para hoy
Toma un momento para reflexionar:
¿Estoy viviendo bajo el sacerdocio de Cristo, o aún intento sostener mi propia autoridad? ¿He colocado mis coronas, mis logros, mis derechos delante de Su trono? ¿Refleja mi vida la postura de los ancianos: postrada, rendida, cubierta por Él?
Pide al Señor que te vista con el sacerdocio que proviene de Él, y que tu vida sea una expresión de adoración continua.
Oración
Padre, reconozco que solo el Cordero es digno.
Cúbreme con el sacerdocio eterno de Cristo, y enséñame a vivir postrado delante de Ti, sin retener nada para mí.
Que mi vida refleje la rendición de los ancianos, que colocan sus coronas delante del trono, reconociendo que toda gloria, todo poder y toda autoridad te pertenecen.
Que mi adoración sea genuina, mi corazón rendido, y mi vida un testimonio de Tu reino manifestado en medio de Tu pueblo.
Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell