Colosenses 3:1-3
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”
Efesios 1:4
“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.”
2 Corintios 3:18
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
Reflexión
Aquello en lo que fijamos nuestra mirada termina moldeando nuestra manera de pensar, de vivir y de responder a las circunstancias. Cuando nuestro enfoque permanece cautivo en las tinieblas, el temor, las limitaciones y los problemas ocupan el centro de nuestra conciencia. Pero Dios nos invita a levantar la mirada y contemplar una realidad infinitamente mayor: Su gloria y Su Reino.
La Escritura nos llama a poner nuestra mente en las cosas de arriba. No se trata de ignorar las realidades de este mundo, sino de aprender a interpretarlas desde la perspectiva del cielo. Cuanto más contemplamos a Cristo, más somos transformados a Su imagen. La luz de Su presencia cambia nuestra manera de ver y nos permite caminar con esperanza, paz y discernimiento.
Antes de la fundación del mundo, Dios nos escogió en Cristo conforme a Su propósito eterno. Nuestra verdadera identidad no está definida por nuestras circunstancias, nuestro pasado o nuestras luchas, sino por el diseño que el Padre concibió desde la eternidad. Descubrir esa identidad cambia nuestra manera de vivir, porque comenzamos a vernos como Dios nos ve.
Cuando la gloria de Dios ocupa el centro de nuestra atención, las tinieblas pierden su poder para dominar nuestros pensamientos. La transformación comienza donde cambia nuestro enfoque. Al contemplar a Cristo, Su luz llena nuestro entendimiento y nos capacita para manifestar la vida del Reino en medio del mundo.
Meditación para hoy
¿Dónde está puesta mi atención: en las tinieblas o en la gloria de Dios?
¿Estoy viendo mi vida desde mis circunstancias o desde la identidad que Dios me dio en Cristo?
¿Estoy permitiendo que la contemplación de Cristo transforme mi manera de pensar?
Oración
Padre, gracias porque me escogiste en Cristo antes de la fundación del mundo y porque mi verdadera identidad está segura en Ti. Ayúdame a quitar mi mirada de aquello que produce temor y a fijarla en Tu gloria y en Tu Reino.
Renueva mi entendimiento para que aprenda a ver como Tú ves. Que al contemplar a Cristo sea transformado de gloria en gloria y que mi vida refleje la luz, la esperanza y la realidad de Tu Reino en todo lo que haga. Amén.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell