Génesis 1:6-7
“Y dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas… y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión.”
1 Corintios 2:13-14
“Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu… porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios.”
Colosenses 2:8
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.”
Reflexión
El segundo día de la creación revela un acto de gobierno que va más allá de lo físico: separar las aguas de abajo de las aguas de arriba. Este patrón —discernir entre lo que pertenece a un ámbito y lo que pertenece a otro— es exactamente lo que Dios está llamando a Su iglesia a ejercer hoy, no ya con agua literal, sino con revelación. Hay una diferencia real entre lo que desciende del cielo y lo que asciende de la erudición humana, y aprender a distinguir entre ambas fuentes es una forma de gobierno espiritual que muchos aún no han desarrollado.
Trabajar arduamente en el ministerio, estudiar, predicar, servir —todo esto tiene valor, pero no es lo mismo que gobernar. Gobernar requiere discernimiento, la capacidad de separar aguas: de reconocer qué verdad provino de un encuentro genuino con el Espíritu, y qué simplemente fue construido sobre estructuras de pensamiento humano, por más sofisticadas o académicamente respetables que parezcan. Pablo advierte precisamente sobre esto: las cosas del Espíritu no se perciben con la mente natural, sin importar cuán entrenada esté esa mente en idiomas, historia o filosofía.
Esto no significa que el estudio de idiomas bíblicos o el conocimiento académico carezcan de valor; el problema surge cuando esas herramientas se convierten en la fuente de la revelación en lugar de ser un instrumento que el Espíritu mismo puede usar cuando Él lo indica. Hay una diferencia profunda entre buscar en un diccionario griego por iniciativa propia, esperando encontrar ahí la verdad, y ser guiado por la voz del Padre que dice “busca esta palabra, porque te la voy a revelar de otra manera.” En el primer caso, la fuente es la erudición humana; en el segundo, la fuente sigue siendo el Espíritu, y la herramienta académica es simplemente el medio que Él eligió usar en ese momento.
Colosenses advierte sobre el peligro de ser engañados por filosofías y sutilezas vacías, fundamentadas en tradiciones humanas en lugar de en Cristo. Esta advertencia no rechaza el pensamiento estructurado, sino que señala el riesgo de que sistemas de pensamiento humano terminen gobernando lo que debería ser gobernado por revelación directa del Espíritu. Aprender a discernir esta diferencia es, en esencia, aprender a separar las aguas: a distinguir lo que descendió del cielo de lo que simplemente ascendió del intelecto humano vestido de teología.
Meditación para hoy
¿Estoy discerniendo la fuente real de lo que creo y enseño: revelación del Espíritu o construcción intelectual humana?
¿He confundido trabajar arduamente en el ministerio con verdaderamente gobernar mediante discernimiento espiritual?
¿Estoy dispuesto a que el Espíritu use herramientas académicas cuando Él las indique, sin depender de ellas como fuente primaria de verdad?
Oración
Padre, dame la unción de Reino que me permita gobernar, no solo trabajar. Enséñame a separar las aguas de abajo de las aguas de arriba, a discernir entre lo que desciende genuinamente de Tu Espíritu y lo que simplemente ha sido construido con erudición humana.
Que mi conocimiento de idiomas, teología e historia sea siempre una herramienta que Tú uses cuando lo indiques, y nunca la fuente de la que dependo para conocer Tu verdad. Guárdame de ser engañado por filosofías huecas y tradiciones humanas, y llévame a una revelación que provenga directamente de Ti. En el nombre de Jesús, amén.
Ana Méndez Ferrell