Apocalipsis 6:1-2 “Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.”
Hebreos 12:1 “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.”
Salmo 110:1 “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.”
Efesios 1:22-23 “Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.”
Reflexión
Los sellos se han desatado durante los últimos dos mil años, manifestando el plan redentor de Dios a través de las generaciones.
Pero cada vez que va a haber un cambio de generación y un cambio de sacerdocio para una gloria mayor, entonces se desatan los juicios de Dios.
Estos juicios no son simplemente castigo. Son actos de justicia divina que remueven lo que se opone al reino, que traen alineación celestial a la tierra, que preparan el camino para una nueva manifestación de Su gloria.
En estos momentos hay un cambio radical sucediendo.
No es un cambio superficial ni gradual. Es una transformación profunda en el orden espiritual, un levantamiento de un sacerdocio que no ha sido visto antes con esta intensidad.
Por eso es tiempo de ordenar tu vida y anhelar estas vestiduras del orden de Melquisedec.
No es momento de distracción ni de tibieza. Es momento de preparación, de consagración, de posicionamiento espiritual. Es tiempo de rendir todo lo que no proviene de Él y revestirse de lo que solo Él puede dar.
Se levanta un remanente santo en toda la tierra.
Este remanente no surge por esfuerzo humano, sino por el llamado soberano de Dios. Son aquellos que han sido cubiertos con el sacerdocio eterno, que llevan en su corazón las oraciones de los santos y el clamor de justicia de la creación.
La nube de testigos es activada para juzgar.
Los que han corrido la carrera antes que nosotros, los que permanecieron fieles hasta el fin, ahora se levantan como testimonio contra toda iniquidad. El cielo y la tierra convergen en este momento de justicia.
El sol y la luna se levantan para testificar.
Toda la creación da testimonio de la justicia de Dios. No hay nada oculto que no sea revelado. No hay tinieblas que puedan esconderse de Su luz.
Las cabezas de los reyes malvados son juzgadas y no se sentarán en los tronos del gobierno.
Aquellos que proclaman iniquidad, injusticia y abominaciones sexuales, el aborto y la eutanasia, el odio, la división y la opresión, no prevalecerán.
Su tiempo ha sido medido. Su autoridad será removida. El juicio de Dios está sobre toda estructura que se levanta contra Su verdad.
Nos levantamos como iglesia en esta hora y ponemos a estos enemigos bajo los pies de Cristo.
No en nuestra propia fuerza, sino en la autoridad que nos ha sido dada como cuerpo de Cristo. Nos levantamos en adoración, en intercesión, en declaración profética, sabiendo que Él ya venció y que nosotros ejecutamos esa victoria en la tierra.
Este es el tiempo del remanente santo. Este es el momento del cambio de sacerdocio. Esta es la hora de la gloria mayor.
Meditación para hoy
Toma un momento para reflexionar:
¿Estoy ordenando mi vida para este cambio de gloria que Dios está trayendo? ¿Anhelo las vestiduras del orden de Melquisedec, o aún me aferro a lo viejo? ¿Me estoy levantando como parte del remanente santo que intercede y declara la justicia de Dios en la tierra?
Pide al Señor que te prepare para este momento, que te revista de autoridad espiritual y te posicione en el sacerdocio eterno.
Oración
Padre, me levanto en esta hora como parte del remanente santo que Tú estás formando en toda la tierra.
Ordeno mi vida delante de Ti, renuncio a todo lo que no proviene de Tu reino, y anhelo ser revestido con las vestiduras del orden de Melquisedec.
Activo la nube de testigos, declaro que el cielo y la tierra dan testimonio de Tu justicia, y proclamo que todo trono levantado en iniquidad será derribado.
Que las cabezas de los reyes malvados sean juzgadas, que no prevalezcan aquellos que proclaman injusticia, abominación, división y opresión.
Me levanto como iglesia en esta hora y pongo a estos enemigos bajo los pies de Cristo.
Que Tu reino venga, que Tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo, y que Tu gloria mayor se manifieste a través de Tu pueblo santo.
Amén.