Génesis 1:2
“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”
Génesis 1:27
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
Juan 4:24
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”
Reflexión
Cuando el idioma original de la Escritura nos revela que Ruach Ha-kodesh, el Espíritu Santo, lleva una forma gramatical femenina, y que Kadosh, referido al Señor, se expresa en masculino, no estamos ante una curiosidad lingüística sin importancia, sino ante una ventana hacia la riqueza de la esencia de Dios. Estas categorías no reducen a Dios a un género humano, porque Dios no es hombre ni mujer en el sentido que nosotros entendemos la sexualidad; más bien, lo masculino y lo femenino son atributos que reflejan aspectos de quién es Él.
Génesis nos muestra esto con claridad: cuando Dios creó al ser humano a su imagen, no formó solamente al varón ni solamente a la mujer como la imagen completa; formó a ambos, y en esa dualidad plasmó algo de su propia naturaleza. Antes de que existiera Eva, el texto hebreo sugiere que Adán mismo contenía en su ser tanto lo masculino como lo femenino, hasta que Dios separó una parte de él para formar a la mujer. Esto nos enseña que la imagen de Dios nunca fue exclusivamente masculina ni exclusivamente femenina; fue, desde el principio, una unidad que reflejaba a su Creador.
Entender esto transforma la manera en que vemos tanto a Dios como a nosotros mismos. No se trata de proyectar categorías humanas sobre lo divino, sino de reconocer que lo divino contiene y trasciende esas categorías. El Espíritu que se movía sobre las aguas en la creación, que consuela, que engendra vida, que nutre y sostiene, se expresa en un lenguaje que evoca lo maternal. El Padre que engendra, que ordena, que sostiene con autoridad, se expresa en un lenguaje que evoca lo paternal. Ambos son verdaderos; ambos son necesarios para comprender la plenitud de quién es Dios.
Esta verdad también nos habla de unidad. Así como en la Trinidad hay una sola esencia divina expresada de maneras distintas, en el ser humano —hombre y mujer— hay una sola imagen de Dios expresada en dos formas complementarias. Ninguna de las dos existe para dominar o disminuir a la otra; ambas existen para reflejar juntas algo que ninguna podría reflejar sola.
Meditación para hoy
¿Estoy limitando mi entendimiento de Dios a categorías demasiado estrechas o humanas?
¿Reconozco en mí mismo las cualidades del Espíritu que consuela y nutre, además de las del Padre que ordena y sostiene?
¿Cómo puedo honrar, en mi propia vida y en mis relaciones, la unidad que Dios diseñó entre lo masculino y lo femenino como reflejo de Su imagen?
Oración
Padre, gracias porque Tu esencia es más rica y profunda de lo que mi mente humana puede abarcar. Gracias porque en Ti se encuentran tanto la fuerza que ordena como la ternura que consuela, y porque nos creaste, hombre y mujer, para reflejar juntos esa plenitud.
Ayúdame a conocerte más allá de mis propias limitaciones y categorías. Enséñame a valorar en mí y en otros las distintas expresiones de Tu imagen, sin reducir tu grandeza ni la de las personas que creaste a semejanza tuya. Que mi vida refleje la unidad y la armonía que existen en Ti, oh Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Antes de despedirnos por hoy, queremos invitarte a compartir con nosotros:
¿Este espacio está edificando tu vida? ¿Qué ha estado haciendo el Padre en ti a través de estas enseñanzas?
Nos encantaría conocer tu testimonio, saber qué ha cambiado en tu vida y cómo el Espíritu Santo te ha ido llevando a una mayor revelación, libertad y transformación.
Tu testimonio puede ser de bendición y esperanza para muchos otros que también están caminando este proceso.
Escribenos a contacto@vozdelaluz.com
Queremos leerte.
Bendiciones amados,
Ana Méndez Ferrell